Ella se inclinó hacia él con esa calma tramposa que solo tienen las ganas cuando ya han decidido perder la compostura.
El beso en su mejilla fue suave, casi inocente… si no fuera porque llevaba escondida esa intención de te quiero más cerca, un poco más, no finjas que no lo sientes.
Él tragó saliva, como si pudiera disimular el temblor que ella le despertaba justo donde empieza la piel y termina la prudencia.
Ella le sostuvo la cara con los dedos, tan delicada que dolía, tan segura que confundía, y él pensó que a veces el deseo tiene forma de caricia lenta.
Él cerró los ojos un segundo, solo uno, pero suficiente para imaginarla demasiado: su boca, su cuello, ese “quédate” que no dijo pero gritaba entero.
Ella sonrió contra su piel, esa sonrisa que es mitad ternura, mitad incendio, y que te deja sin escapatoria bonita.
Él quiso más, claro que quiso más, pero se quedó quieto, atrapado en ese punto exacto donde el autocontrol hace sus últimos esfuerzos.
Y ella… ella parecía saberlo todo, como si pudiera leerle el pensamiento, el pulso, las ganas. Como si ese beso fuera apenas el prólogo de un desastre precioso....
📸 Créditos del Look
Outfit :
🔖#DesastreBonito #EllaYÉl #DondeEmpiezaElVértigo #MIMISS
Muchas gracias cariño por estar conmigo 💋











